Nos hemos acostumbrado a una comodidad casi mágica. Las plataformas nos recomiendan qué serie ver, las aplicaciones nos sugieren qué ruta tomar o a quién conocer, e internet nos muestra anuncios de objetos que apenas habíamos pensado. Se siente fluido, eficiente, libre de fricciones. Sin embargo, esta aparente simplificación del mundo esconde una transacción silenciosa: la entrega paulatina de nuestro deseo y nuestra voluntad a la predicción tecnológica.
En QualityLand, la aclamada y ácida novela de Marc-Uwe Kling editada por Tusquets, esta premisa se lleva al territorio de la comedia negra y la sátira más aguda. En este futuro no tan lejano, los países han cambiado sus nombres por denominaciones comerciales más "vendibles" y las personas ya no llevan el apellido de sus padres, sino la ocupación de sus progenitores al momento de nacer. En QualityLand no necesitás ir de compras: los drones de la gran compañía de comercio electrónico llegan a tu puerta con los productos que el sistema "sabe" que estás esperando.
Tu nivel socioeconómico, tu pareja, tus derechos y tu reputación dependen de un puntaje de perfilamiento algorítmico. Todo el mundo parece feliz en este entorno perfectamente optimizado, hasta que a Peter Sinempleo le llega un paquete con un objeto absurdo que él jamás pidió ni desea. Cuando intenta devolverlo, choca contra la pared del sistema: ¿cómo va a estar equivocado el algoritmo si el algoritmo es la verdad? Decir "esto no es para mí" se convierte, de pronto, en un acto de rebeldía sistémica.
Esta ficción hiperbólica de Kling dialoga de forma directa con la serie Generación 2009 (disponible en Disney+). A lo largo de tres tiempos narrativos, la serie sigue a una promoción de agentes del FBI que implementa un sistema de inteligencia artificial predictiva para la justicia. Bajo la premisa de anticipar los delitos antes de que ocurran, el sistema reemplaza gradualmente el criterio humano y judicial por un análisis autónomo de datos. El principio implícito se vuelve sombrío: todos son culpables o desviados en potencia hasta que la métrica demuestre lo contrario.
Tanto en la comedia de Kling como en el thriller de Generación 2009 resuenan los diagnósticos de pensadores contemporáneos como Eric Sadin o Byung-Chul Han: la tecnología ya no se limita a ser una herramienta de trabajo, sino que se ha convertido en una administradora de nuestra subjetividad. Cuando dejamos que una pantalla construya nuestras expectativas y automatice nuestras decisiones para evitar el error o el malestar, no estamos alcanzando el progreso; estamos cediendo la capacidad de sorprendernos, de dudar y de vincularnos sin mediaciones.
🎬 En pantalla: Mirá el avance oficial de Generación 2009 (Disney+) y explorá la encrucijada entre inteligencia artificial predictiva, vigilancia y justicia.
📰 En prensa: Leé la reseña y el análisis crítico de QualityLand sobre cómo la literatura utiliza la sátira para desarmar los mitos del optimismo tecnológico.
🎙️ En conversación: Escuchá un fragmento del libro de Marc-Uwe Kling.