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"Eva Illouz: La gestión de nuestras emociones en la era digital y política"

¿Hasta qué punto las emociones que sentimos nos pertenecen?


Durante mucho tiempo se creyó que el avance de la tecnología traería un mundo frío y deshumanizado. Sin embargo, lo que ocurrió fue lo contrario. Asistimos a una emocionalización sin precedentes donde nuestra subjetividad se ha convertido en la materia prima que el tecnocapitalismo extrae con fines lucrativos. Vivimos en la era del "prosumo" emocional: consumimos plataformas que, al mismo tiempo, nos moldean para producir valor económico.


A través de emojis, métricas de aprobación y "tecno-emocancías" —como aplicaciones que prometen gestionar nuestra ansiedad o algoritmos que estandarizan lo que nos gusta—, el mercado se ha impregnado en nuestra psique. No es una tecnología fría; es un capitalismo extremadamente humano porque es emocional. El riesgo de este engranaje es la multiplicación de experiencias afectivas autárquicas: un plano emocional imaginario donde el yo se promociona como una marca permanente, pero que prescinde del mundo real, pavimentando el camino hacia una soledad contemporánea devastadora.


Pero este vaciamiento de la experiencia real no se queda encerrado en las pantallas; se traslada de inmediato a la esfera política.


Eva Illouz nos advierte que el populismo contemporáneo y el auge de las tendencias autoritarias no se explican ya por teorías económicas abstractas, sino por una estructura política de sentimientos. Cuando el lazo social se debilita, las orientaciones emocionales sustituyen a la evidencia empírica. El debate público pasa a regirse por narrativas colectivas que no necesitan ser verdaderas, sino simplemente *sentirse* verdaderas.


Es allí donde operan con fuerza cuatro emociones fundamentales: el miedo, que inyecta la idea de una amenaza constante y empuja las sociedades hacia el control; el asco, que traza fronteras morales y culturales para expulsar del cuerpo político al "impuro" o al extranjero; el resentimiento, una memoria rumiante que recrea los agravios del pasado y prefiere la venganza antes que sopesar las desigualdades del presente; y finalmente un amor nacionalista, un sentido de pertenencia que se desvirtúa para excluir al otro.


Entender las tecnologías que fabrican nuestros sentimientos y las narrativas que capitalizan nuestros miedos es, quizás, el primer paso para recuperar la lucidez y la soberanía sobre lo que nos pasa.



[Ver libro en el catálogo--> Tecnologías de Los Sentimientos]


[Ver libro en el catálogo--> La vida emocional del populismo]






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